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El inglés Bruce Chatwin y su influencia en los
autores no patagónicos

El caso Patagonia Express, de Luis Sepúlveda
Por: Alejandro Aguado

Esta nota
fue publicada
en el Nº 20
(2002) de
la revista
La Bitácora
Patagónica
,
editada en
General Roca
Río Negro




Página de la nota publicada en La Bitácora
Patagónica


El libro En Patagonia, del inglés Bruce Chatwin, publicado por primera vez a fines de los `70, inventó un estilo que renovó la crónica de viajes, el que con el tiempo se transformó en un género literario en sí mismo. Entre los méritos de Chatwin se le puede atribuir el haber colaborado a difundir a la Patagonia en el mundo e instalarla como temática literaria. En cambio, se le puede criticar su evidente racismo al referirse a argentinos, indígenas y chilenos; el inventar muchas de las anécdotas que supuestamente protagonizó, o el tergiversar los relatos e investigaciones históricas que tomó de libros escritos por autores patagónicos (el caso más evidente es el de las huelgas obreras acontecidas en Santa Cruz entre 1920 y 1921, donde directamente contradice lo que consultó en la investigación realizada por Osvaldo Bayer).
En Patagonia condensa con un alto grado de fábula determinadas características históricas y sociales que hicieron un mito de Patagonia: viajeros, leyendas, bandoleros, cowboys, estancieros, indígenas, huelgas obreras, etc. El "estilo" Chatwin influenció a los escritores que escriben sobre Patagonia y que no residen en ella. Su influencia se puede percibir en obras de varios escritores argentinos de renombre: Adrián Giménez Hutton, Virginia Aurie, Mempo Giardinelli, etc. Los escritores que residen en los grandes centros urbanos la adoptaron, en mayor o menor medida, porque entienden a la Patagonia como una región que les es ajena, que está allá lejos, en el sur del sur, casi como si fuera otro mundo. Gran parte de esos mismos autores adeptos al inglés, conocieron la región o la redescubrieron a partir de su libro.
En resumen, el estilo Chatwin se adecua a la visión del hombre urbano que se aventura a internarse en un territorio donde todo es extremo: el rigor del clima, las inmensas distancias desoladas, fauna exótica, historia típica de región de frontera, y su naturaleza deslumbrante. Es decir, un contexto ajeno al habitual. Al mismo tiempo, varios de aquellos autores se ocuparon de desmitificar la obra del inglés. Entre ellos el escritor Guillermo Saccomanno y el desaparecido Adrián Jiménez Hutton, quien realizó el mismo viaje, durante el cual entrevistó a los protagonistas del libro, a sus descendientes o allegados, y revisó los relatos históricos. Hutton, en su libro titulado La Patagonia de Chatwin, sacó a la luz lo que todos sospechaban, aunque un poco atenuado: el inglés mintió, tergiversó los hechos históricos e inventó varias de las anécdotas en la que se presenta como protagonista.
La influencia de Chatwin también alcanzó a escritores extranjeros, como es el caso del internacionalmente reconocido autor chileno Luis Sepúlveda, y su libro Patagonia Express (subtitulado en las páginas introductorias como Apuntes de viaje). Sepúlveda siguió el mismo esquema del libro de Chawin: un viajero que cuenta sus experiencias de viaje en Patagonia e intercala anécdotas e historias de carácter histórico -también le dedica un capítulo a un encuentro que mantuvo con Chatwin en una confitería de Barcelona-.
Hasta ese punto, nada resulta objetable. Sin embargo, de su lectura surgen aspectos que merecen una crítica que clarifique lo escrito por el autor:
Primer ejemplo: Pese al título del libro, casi media trama se desarrolla fuera de Patagonia.
Segundo ejemplo. en determinado momento de su viaje por Patagonia, aborda el tren que une las localidades de Río Turbio con Río Gallegos, al sur de la provincia de Santa Cruz. Sin embargo, durante el trayecto se detiene en la estación Jaramillo; la del otro ramal, el que se tiende por el norte de la provincia, del que lo separan unos setecientos kilómetros. Cabe aclarar que ese ramal fue clausurado en 1978, varios años antes que Sepúlveda realizara su supuesto viaje. Una vez situado en Jaramillo, describe el enfrentamiento armado que se produjo en 1921 a la vera de esa estación del ferrocarril del norte de Santa Cruz, entre tropas argentinas y huelguistas obreros y el posterior fusilamiento de los huelguistas. Ese relato en particular, exagerado en extremo, describe a 4.000 obreros marchando junto a sus mujeres. Quien haya visto la película La Patagonia rebelde o haya leído los libros Osvaldo Bayer, el investigador más autorizado de las huelgas patagónicas, comprobará que el relato no responde a la verdad. Aparte que lo peones de campo en su mayor parte no tenían familia, en el enfrentamiento armado ocurrido en esa estación ferroviaria no marcharon ni participaron mujeres.
Otro ejemplo sobre Jaramillo: al exterior de la estación del ferrocarril la describe de madera y con techo de tejuelas, cuando fue y es de chapa acanalada de cinc (una foto de dicha estación aparece en varias ediciones del libro de Chatwin). La descripción que realiza de la misma responde al material de construcción y arquitectura utilizado en la Patagonia chilena, pero que no tiene nada que ver con el material utilizado en la región de mesetas, en la Patagonia argentina.
Otro ejemplo: sitúa a la localidad de Las Heras en la provincia de Chubut, cuando en realidad pertenece a Santa Cruz. Y los ejemplos abundan: que el viento proveniente del océano azota a la localidad de Río Mayo, cuando en realidad se sitúa a casi 300 kilómetros del Atlántico; que a un estanciero lo sepultaron en el cementerio de Comodoro Rivadavia montado en un caballo embalsamado, lo que jamás sucedió; que en Lago Buenos Aires (noroeste de la provincia de Santa Cruz) residieron los pistoleros norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid, lo que es inexacto; y la lista sigue.
Siempre existió la sospecha si Chatwin en verdad había viajado a la Patagonia, lo que a Adrián Jiménez Hutton lo motivó a emprender su investigación. Al comprobar todas las inexactitudes que presenta el libro de Sepúlveda, cabría formularse el mismo interrogante. Que Sepúlveda es un gran escritor no se discute.

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